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21/01/2020

Campaña: Madrid, ciudad sedienta

Fuentes para beber: la degradación de un bien público en las calles de Madrid

Las fuentes de agua potable de las calles y parques de Madrid están siendo abandonadas por las administraciones que deberían velar por su conservación y mantenimiento: el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid a través del Canal de Isabel II. En muchos barrios de la ciudad las fuentes para beber ni siquiera existen, mientras que se ejecutan numerosos proyectos de urbanización en los que no se contemplan como elemento de la calidad del espacio urbano.

A PIE, como asociación de defensa del espacio público lanza una campaña para reflexionar y denunciar el proceso de degradación de las fuentes para beber. El objetivo de la campaña es recuperar las fuentes para beber como patrimonio y servicio público de interés colectivo; un patrimonio por el que deben velar las administraciones y que debe ser defendido y valorado por la ciudadanía. Si la ciudadanía valora y respeta su patrimonio colectivo, la administración tendrá más dificultades para dejar que se degrade.

El presente documento pretende apoyar dicha campaña ofreciendo información útil para su mejor comprensión y difusión.

1 Por qué hacen falta fuentes de agua potable en el espacio público.

  • porque en climas de calores rigurosos como el madrileño, las fuentes para beber contribuyen a que las personas se hidraten y puedan caminar con mayor comodidad
  • porque hay grupos de la población para los que la alternativa de bares o máquinas no es adecuada por edad, renta u otros factores
  • porque hay áreas de la ciudad en las que no existen alternativas para obtener el líquido vital
  • porque los niños aprovechan más el espacio público si disponen de agua en verano

En definitiva, las fuentes de beber son un bien público que sirve para:

  • refrescar los cuerpos
  • refrescar los ambientes
  • Introducir el sonido del agua en la ciudad

Obviamente, no se trata de una necesidad fundamental de todos los madrileños, aunque para algunos sea vital seguir contando con ellas.

Tampoco se trata de la reclamación prioritaria en el espacio público, dominado por el automóvil y sus consecuencias.

No es una reclamación cara; contemplando las fuentes como un elemento integrado en las redes de riego y suministro de agua, el coste de mantenimiento y el consumo de agua de una red completa de fuentes para las calles y espacios públicos de la ciudad es relativamente muy pequeño.

La degradación del sistema de fuentes de agua potable es un síntoma de otros abandonos: de la falta de una concepción integral de la calle, de la disolución del espacio público como un bien colectivo, de la pérdida de identidad, de la despreocupación por el detalle y las necesidades de los más vulnerables.

Muchas de las fuentes madrileñas son parte de la memoria colectiva de los barrios y de la ciudad. Algunas tienen también un valor histórico y patrimonial, incompleto si no puede utilizarse para su función original, para suministrar agua a los que caminan o simplemente disfrutan del espacio público. O degradado si no se cuida su entorno.

Otras ciudades españolas y europeas mantienen sus fuentes con mayor mimo, sea o no su climatología tan exigente como la madrileña.

Por todo ello estimamos que merece la pena una respuesta ciudadana para conservar e incrementar ese patrimonio público de las fuentes de beber en la ciudad.

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