GR-124 "Senda Real", una iniciativa ciudadana

Durante años, los vecinos de la Dehesa de la Villa de Madrid, han podido ir andando o en bicicleta hasta el Monte del Pardo, caminando junto a la tapia del Club Puerta de Hierro hasta el camino paralelo a la carretera del Pardo. A finales de los años 80, las obras del cierre de la M-30 afectaron al camino, reduciendo su anchura y rodeándolo de vías rápidas; pero el camino aún era practicable y podía recorrerse a pie.

En mayo de 1999, nuevas obras de ampliación de la M-30 amenazaban con eliminar lo que quedaba de aquel camino y cerrar una de las pocas vías peatonales de salida de la ciudad. Este hecho impulsó a diversas asociaciones ciudadanas (Ecologistas en Acción, la Coordinadora "Salvemos la Dehesa de la Villa" y la Plataforma "Salvemos la Casa de Campo") a denunciar la destrucción del camino y a acudir a las distintas administraciones para intentar evitar su desaparición, destacando sus valores paisajísticos, medio ambientales e históricos, e introduciendo una nueva dimensión en el debate sobre movilidad peatonal en las ciudades.

Las acciones llevadas a cabo por este grupo de ciudadanas y ciudadanos incluyeron gestiones de sensibilización de las administraciones con responsabilidad en el desarrollo de la propuesta, así como la difusión en los medios de comunicación y actos de reivindicación en la propia senda. Como resultado de este trabajo colectivo, desde las asociaciones o mediante la participación en las actividades realizadas, se consiguió revertir un proceso que parecía imparable.

En julio de 1999, una vez señalizada la senda con la participación de las asociaciones, la Federación Española de Montaña homologaba con el nombre de GR-124 “Senda Real” el recorrido  que permite ir andando desde la Dehesa de la Villa hasta Manzanares el Real, pasando por el Monte del Pardo, el Soto de Viñuelas, y los términos municipales de Tres Cantos y Colmenar Viejo. Manzanares el Real es un punto de confluencia en la red de distintos recorridos entre los que destaca por su importancia el GR-10, que atraviesa la península,  y desde el que se puede conectar con el Camino de Santiago.

Tras su inauguración en octubre de 1999, la “Senda Real”, con 47,5 kilómetros de recorrido, era una realidad solo a medias pues cuntaba con dos puntos negros a la salida de la capital, los cruces con la M-30 y la M-40, que podrían ser facilmente evitados con la construcción de dos pasarelas peatonales. A partir de este momento este se convirtió en el principal caballo de batalla de este proyecto, junto con la señalización "oficial" del recorrido por parte de las distintas administraciones implicadas (Comunidad de Madrid, ayuntamientos y Patrimonio Nacional).

A finales de 1999 se llegó a un acuerdo con el Ministerio de Fomento y  con Patrimonio Nacional, este último en calidad de intermediario, por el que se adquiría el compromiso de formalizar el tramo afectado por las obras mediante la construcción de dos pasarelas y el desplazamiento de la valla limítrofe del Club Puerta de Hierro para desahogar el camino, demasiado estrecho en esta parte.

Posteriormente, la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma de Madrid se decidió a colaborar en el proyecto, financiando la edición de un plano-guía (ver esquema) con el que se pretendía dar difusión al nuevo sendero. De su edición se encargo Ecologistas en Acción que lo tuvo disponible en 2000.

Por último, ya en 2001, se comenzó la señalización "oficial" del GR-124; primero en la parte de recorrido que atraviesa en Monte del Pardo (hay que destacar la colaboración y apoyo que ha prestado en todo momento y dentro de sus posibilidades y competencias Patrimonio Nacional y en particular Santiago Soria, director del Departamento de Parques y jardines)y después en Tres Cantos y Colmenar Viejo.

Aunque queden todavía aspectos por resolver (la participación del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo), la defensa y consolidación progresiva de la Senda Real demuestra que no todas las batallas están perdidas y que la razón de los ciudadanos de a pie se puede imponer a la maquinaria administrativa, resultando en una mayor calidad de nuestras vidas y entornos.